Escucho las alarmas por todos lados,
la fragilidad que nos deja el paso del tiempo,
pero se siente más ligero el peso siniestro,
del inevitable y oscuro momento,
cuando veo tu rostro, tus ojos grandes y negros
desaparece el miedo,
se alivian mis pensamientos,
fortuna incomparable
un dragon majestutoso que nada en un mar profundo
me lleva navegar con él
a no temer las corrientes,
a fluir en ellas,
y entonces cierro mis ojos
para escuchar las sirenas
Todo estará bien.